Médico de familia El amor es el sustento vital de la salud.
¿Qué nos lleva a maltratar nuestro cuerpo, a sostener pensamientos que nos dañan o a vivir en piloto automático, si no es el desamor hacia uno mismo?
En veinte años de consulta he aprendido que ningún tratamiento basta si la persona sigue dormida. Por eso, lo primero que busco es que algo despierte en ti —lo sé cuando alguien me dice: «es la primera vez que alguien me mira y me ve»—.
Ahí dejas de ser paciente y pasas a ser pieza clave de tu sanación. Después llega lo demás: la ciencia, los estilos de vida y el tiempo para mirarte de forma integral.
01 · Educar
Escuela de Salud: comparto conocimiento para que seas tu propio gestor de salud
Un médico ha de ser también maestro en salud. Lo que yo sé, te lo entrego —cursos y formación vivencial— para que tengas recursos y herramientas para recorrer tu propio camino hacia la salud. El conocimiento es poder para transformarnos y crear una sociedad más sana, consciente y plena.
02 · Sanar
Mi consulta: medicina que escucha la voz del síntoma
Como Médico Mentor, ante un síntoma, no me quedo en apagarlo: iniciamos juntos un camino de búsqueda hacia su origen —biológico, psicológico o existencial— para modificar los patrones de vida que te enferman y transformar, sanar o curar de verdad.
Dejas de ser un sujeto pasivo y te conviertes en pieza clave de tu recuperación: formamos equipo.
03 · Ayudar
La fundación
Hay algo que veo claro desde niña: el conocimiento médico tiene que estar al alcance de cualquiera, y los cuidados también. Democratizar ese acceso es el propósito que mueve todo lo que hago, y la Fundación es la parte que llega donde no llega una consulta. Queremos empezar por una casa de salud donde despedirse con compañía, sin prisa y sin ruido.
Mi pintura es lo que la sostiene: cada obra que encuentra su casa ayuda a levantar esta.
Mi medicina no es para pacientes. Es para hacientes.
Aúno la medicina tradicional con las terapias complementarias, la ciencia con el arte, tu parte sana con la enferma. Dejas de ser un sujeto pasivo y tomas el poder sobre tu salud: formamos equipo. Porque sanar de verdad es dejar de sobrevivir para empezar a vivir.
«Lo simbolizo con el infinito: el punto donde todos los polos se reúnen y cogen impulso desde el centro.»